Dicen que
Esto no lo escribí yo, pero me sentí muy identificada con lo que dice.
Amé, amo y amaré a ese hombre, aunque se vaya lejos, aunque su voz se calle para mí. Seguiré pidiendo por él cada día de mi vida, a veces con los puños llenos de fuerza, a veces con las manos abarrotadas de caricias huérfanas y otras tantas con todo o con nada, conforme a como esté.
Lo querré aunque el álbum de fotos se me vuelva un cementerio de recuerdos olvidados, de besos y juramentos que penando, recorren toda la casa. Aunque en unos años él se olvide de mi rostro, yo continuaré descubriendo su figura entre las nubes.
Es que si tuvo la agudeza de percibirme entre otras tantas personas, de empeñar el tiempo en conocerme, si tuvo el valor de quererme así sin andar modificándome cosas, no se merece menos que una linda estancia duradera en mi cabeza.
No llegó a exigirme perpetuidad, no le prometí imposibles, pero me abrazó el corazón por tantos años y yo me dejé abrazar, que estar juntos fue como un rayo cayendo, rugiendo una vez y cien veces más. Nos llovimos, es verdad, pero el arcoíris nos aguardaba sonrientes desde el otro lado. Todo fue real.
Amé, amo y amaré a ese hombre porque no me dejó haciendo dedo en la ruta sola y quiso que fuese yo, siempre yo en su compañía. Tal vez jamás supimos a dónde íbamos, no llevamos nunca la cuenta de los kilómetros recorridos. Quizás fuimos un lapso de amor sin diluir en un mundo ya diluido, y eso fue lo más bonito.
A ese hombre amaré, aunque se vaya lejos y su voz se calle para mí, porque no me olvido a quien me atravesó el alma ni a quien creyó en mí cuando ni yo misma creía.
A ese, a ti, por ti es que mi poesía sigue viva.
~Amy Rodriguez
Amé, amo y amaré a ese hombre, aunque se vaya lejos, aunque su voz se calle para mí. Seguiré pidiendo por él cada día de mi vida, a veces con los puños llenos de fuerza, a veces con las manos abarrotadas de caricias huérfanas y otras tantas con todo o con nada, conforme a como esté.
Lo querré aunque el álbum de fotos se me vuelva un cementerio de recuerdos olvidados, de besos y juramentos que penando, recorren toda la casa. Aunque en unos años él se olvide de mi rostro, yo continuaré descubriendo su figura entre las nubes.
Es que si tuvo la agudeza de percibirme entre otras tantas personas, de empeñar el tiempo en conocerme, si tuvo el valor de quererme así sin andar modificándome cosas, no se merece menos que una linda estancia duradera en mi cabeza.
No llegó a exigirme perpetuidad, no le prometí imposibles, pero me abrazó el corazón por tantos años y yo me dejé abrazar, que estar juntos fue como un rayo cayendo, rugiendo una vez y cien veces más. Nos llovimos, es verdad, pero el arcoíris nos aguardaba sonrientes desde el otro lado. Todo fue real.
Amé, amo y amaré a ese hombre porque no me dejó haciendo dedo en la ruta sola y quiso que fuese yo, siempre yo en su compañía. Tal vez jamás supimos a dónde íbamos, no llevamos nunca la cuenta de los kilómetros recorridos. Quizás fuimos un lapso de amor sin diluir en un mundo ya diluido, y eso fue lo más bonito.
A ese hombre amaré, aunque se vaya lejos y su voz se calle para mí, porque no me olvido a quien me atravesó el alma ni a quien creyó en mí cuando ni yo misma creía.
A ese, a ti, por ti es que mi poesía sigue viva.
~Amy Rodriguez
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